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Bonos basura 'sintéticos', lo último en Wall Stree PDF Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Marzo de 2011 10:43

 

La inversión de alto riesgo en productos innovadores se está poniendo otra vez de moda en el centro financiero mundial. Te explicamos paso a paso en qué consisten los bonos basura "sintéticos".

 

Tal y como aprendimos de manera tan dolorosa durante los últimos años, lo que ocurre en Wall Street se refleja a pie de calle, en las calles de todo el mundo.

Así pues ahora tocan los bonos basura sintéticos. Les puede sonar familiar, como a los trillizos tóxicos que dominaron las noticias durante la Gran Recesión: obligaciones de deuda garantizadas, títulos respaldados por hipotecas, seguros de impago de deuda... ¡estás despedido! 

Recientemente, con motivo del segundo aniversario desde que los mercados globales tocasen fondo llevándose miles de millones en ahorros, The Financial Times (el periódico salmón de los que manejan el dinero global) decía con rotundidad: “Aumenta la demanda de ‘bonos basura sintéticos’”.

En los primeros párrafos del artículo, el respetado periódico señala que los bonos basura sintéticos “se parecen a las transacciones vinculadas a las hipotecas de EEUU” cuyo derrumbe “cuando las hipotecas se volvieron amargas fue una parte importante de la crisis”. Dicho de otro modo: Después de la breve hibernación causada por todo ese dolor, la inversión financiera de alto riesgo en productos innovadores ha vuelto a la carga. Qué rápido hemos olvidado.

Así que, ¿es esto lo de AIG otra vez? ¿O esta vez estamos seguros? ¿Y qué son exactamente los “bonos basura sintéticos”? Desenmarañemos primero esta última pregunta. Los bonos son préstamos que la gente con dinero hace a las compañías o gobiernos. Los acreedores pagan a los prestamistas intereses (como si fuese una renta) por ese dinero, y se comprometen a devolverlo en una fecha determinada.

Un inversor en bonos basura presta su dinero a una compañía arriesgada, que tiene una alta probabilidad de entrar en quiebra. Ese inversor sabe que hay una posibilidad real de que quizás no recupere su dinero. Pero si la compañía se mantiene a flote, será recompensado por su apuesta con una alta tasa de interés. Podrá recibir, por ejemplo, entre 6 y 13 dólares anuales por cada 100 que preste. Eso es mucho más dinero que el simple dólar que puede conseguir cualquiera últimamente invirtiendo sin riesgos, en cuentas de ahorro o depósitos.

Debido a esta gran diferencia entre una apuesta segura y una con riesgo, el mercado de estos bonos basura está creciendo a gran velocidad. El año pasado, las empresas emitieron en todo el mundo bonos de este tipo por unos 2.000 millones de dólares. En los dos primeros meses de 2011 esa cifra ya se ha acercado a 10.000 millones de dólares, según el Financial Times.

Esta es otra manera de ver los bonos basura: el típico comprador de bonos a la vieja usanza es como el propietario de un equipo deportivo. Compra unos activos (el bono o el equipo) y se beneficia de su rendimiento, es decir, de los intereses (en el caso de los bonos) y de los ingresos (en el caso del equipo).

Invertir en bonos basura es como comprar al equipo de baloncesto de los Washington Wizzards en EEUU o el club de fútbol del Málaga en España: hay una gran probabilidad de que los resultados sean pobres. Uno puede perder dinero con la compra. Pero imagínese lo dulce que puede resultar si ganan, y todo el dinero que se puede lograr con esa inversión cuando los hinchas y los patrocinadores vuelvan al estadio. (La diferencia, por supuesto, es que los bonos pagan una tasa de interés fija, mientras que la inversión en un equipo deportivo es más impredecible).

Así pues ¿qué es un bono basura sintético? Es exactamente tal y como suena: un bono basura que es artificial. Un bono basura sintético (al igual que cualquier otra inversión sintética) tan sólo existe porque las partes implicadas en el trato se han puesto de acuerdo para que exista. Ninguna compañía pide o recibe un préstamo de inversores.

Ésta es una analogía sobre los bonos basura sintéticos: imagínese que es usted rico, y que quiere comprar un edificio de apartamentos de un millón de dólares, porque quiere ganar dinero alquilándolos. Le pregunta entonces a su hermana si quiere asociarse con usted. Y ella le dice: “De ninguna manera. Ese lugar es una ruina. Cualquier día va a ser pasto de las llamas”.

Su hermana, en otras palabras, sería más partidaria de apostar en contra de ese edificio (de “ir a corto” en ese edificio, como se diría en Wall Street). Mientras tanto, usted descubre que los pisos son propiedad de diferentes personas, lo dificulta el proceso de adquisición. Pero como usted está ansioso por invertir en ese edificio y su hermana está dispuesta a invertir en su contra, ahí tiene un socio perfecto para un acuerdo sintético.

Así es como funciona el acuerdo: su hermana le paga una tasa cada mes durante cinco años (una cifra similar al dinero que recaudaría con los alquileres) como póliza de seguro sobre el edificio. Si el edificio se quema, usted le debe a su hermana el millón de dólares que vale, igual que le pagaría la aseguradora All State si ella fuese propietaria del edificio y tuviese una póliza con ellos.

Antes de que se ponga en marcha el trato, para asegurarse de que puede pagar a su hermana, usted le hace una transferencia de un millón de dólares a su tío para que lo guarde en depósito, como si en realidad estuviese comprando el edificio. Si no se quema al cabo de los cinco años, usted recupera el millón de dólares, y se queda con el dinero mensual que le dio su hermana (menos una pequeña cantidad que se comprometió a pagarle a su tío). Esto es en resumen una inversión sintética: nadie en su familia posee el edificio, pero usted se beneficia más o menos como si lo fuese de verdad.

En el caso de los bonos basura sintéticos, en lugar de arriesgar su dinero a que el edificio se vaya a quemar, su hermana apuesta porque una serie de bonos no van a poder pagar a sus inversores. Así que saca una póliza de seguros que le pagará una indemnización si eso ocurre finalmente. Mientras tanto, usted pone el dinero para los bonos (como si los estuviese comprando) y recibe el interés acordado (del mismo modo que recibió el dinero de los alquileres en el acuerdo inmobiliario sin ser su propietario). Y su tío, que es un banco de Wall Street, se queda con una parte del dinero que paga su hermana como tasa por establecer el acuerdo. ¡Ya está! Ha invertido en algo que no posee. Genial ¿no?

Bueno, quizás. Esa póliza de seguros que su hermana está comprando tiene un nombre siniestro que puede sonarle a muchos lectores: se llaman seguros de impago de deuda(o CDS por sus siglas en inglés). Esa es la razón por la que la aseguradora AIG se metió en problemas. Así que ¿van a estar de nuevo los contribuyentes en la picota por culpa de los bonos basura sintéticos?

Esa es la pregunta del millón de euros. En el caso de AIG sus CDS aseguraban una cifra astronómica en deuda. El problema fue que AIG era considerada una empresa tan fiable (y los reguladores estaban tan desinformados) que no había ningún tío (o intermediario en Wall Street) que se encargase de asegurar que AIG pagaría sus compromisos si ocurría lo impensable. Y como ya sabemos, las reservas de la compañía resultaron ser demasiado escasas. Básicamente asumió que podrían arder uno o dos edificios, pero no toda la ciudad.

Pero la ciudad sí ardió por completo: se derrumbó el mercado hipotecario y también Lehman Brothers. Cuando eso ocurrió, las personas que habían estado pagando pólizas quisieron cobrar. Y ahí es cuando tuvieron que entrar los contribuyentes al rescate, para evitar que la espiral de deuda siguiese sin control y nos acabase devolviendo a épocas pre-monetarias.

La situación con los bonos basura sintéticos es diferente, al menos de momento. A diferencia del caso de AIG, “si el intermediario [es decir, Wall Street o su tío] lo hace bien, no pone nada en juego y tan sólo se lleva una comisión por parte de ambos lados”, explica Gordon M. Bodnar, profesor de Finanzas Internacionales en la Johns Hopkins School of Advanced International Studies. Si eso es así, eso evitaría otro AIG.

Dos advertencias”, continúa. “Una es que los compradores deben de pensar por qué otra parte puede estar tan interesada en vender bonos basura en corto como para meterse en todo esto (obviamente deben de pensar realmente que esos bonos basura se van a ir al garete). Y, segundo, ¿qué grupo inversor puede estar impulsando este mercado? ¿Tienen una ventaja informativa sobre el otro grupo inversor? Esto fue lo que sucedió en la versión hipotecaria de este juego”. 

Una última advertencia: todavía no está claro si estas actividades de alto riesgo en inversiones sintéticas complejas están siendo supervisadas correctamente. La agencia reguladora del mercado de valores en Estados Unidos (la Securities and Exchange Commission, o SEC) está redactando actualmente nuevas normas para ser aplicadas bajo la Dodd-Frank Wall Street Reform and Consumer Protection Act (la SEC no ha querido hacer declaraciones al respecto por hallarse en periodo de alegaciones públicas). En otras palabras, digamos que de momento esto quizás no desencadene otra crisis. La gente que acierte en sus apuestas ganará dinero, y quienes no atinen lo perderán. Pero no hay nada en estas prácticas que pueda afectarnos al resto de ciudadanos.

Este es el problema de la innovación financiera: a medida que el ciclo de los negocios va tomando fuelle, el hambre de bonos de los banqueros aumenta, pudiendo dar lugar a inventos seguros y eficientes, y generando un monstruo

Fuente:http://noticias.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/bonos-basura-sinteticos-lo-ultimo-en-wall-street_wYZNOsEYJJkw5CObB5tsW/



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